a) Del Evangelio de San Juan al Concilio de Éfeso (90 a 431)
Se establece una diferencia entre Eva y María, que es una nueva forma de nacer, llevada a cabo en manos de María, una mujer llena de gracia y amor, y a quien debemos de venerar por ser la "Madre de Dios".
b) Del Concilio de Éfeso a la Edad Media (431 a 1050)
Se destinan varias fechas en honor a María, reflejándola como una mujer santificada por Dios desde el inicio, llevada a la gloria en cuerpo y alma y mediadora entre Dios y los hombres.
c) De la Edad Media al Concilio de Trento (1050 a 1563)
Se pinta a María como una mujer solidaria con Cristo hasta en sus momentos más dolorosos, y cuando Jesús es crucificado se explica su nueva misión: ser madre de todos los nosotros.
d) Del Concilio de Trento a finales del siglo XVIII (1563 a 1800)
Se intensifica el amor, devoción y consagración por María a través de distintas oraciones y santos.
e) De 1800 a nuestros días
Se reconoce oficialmente la presencia santificadora de Dios en María, desde su concepción. Por tanto, María se convierte en Madre y signo de la Iglesia.
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